martes, 20 de julio de 2010

A quien le avisás

Leo en un diario digital de Bahía que una familia que había sido desalojada está viviendo, desde hace unas horas, en la Terminal.

Le aviso a Iván, a ver si puede hacer algo para ayudarlos.

Responde que la Municipalidad ya está trabajando en eso.

"La gente recurre primero a los medios, antes que avisar a quien puede hacer algo".

miércoles, 9 de junio de 2010

Un escritor clonado

Salgo del baño de mujeres del subsuelo -el tema del baño da para otro post- y un llamado que pide que envíe sms con el teléfono de fulano. En tal actividad estoy, detenida en el pasillo, cuando veo a un hombre bajito, con algo de barba, pasar caminando. Lo conozco. Su cara es muy conocida pero no puedo saber de dónde. El también me conoce, porque se acerca, me saluda y pregunta cómo va todo, simpatiquísimo.¡Elvio Gandolfo! pienso. ¡Pero qué motivos tendría el talentoso escritor, periodista y crítico para andar por acá? Es imposible o cuanto menos, poco probable.
El clon de Elvio pasa de nuevo, yo aún medio trastornada pensando la cuestión, y vuelve a preguntar, ¿Todo bien?
Yo pienso que no, que ¿cómo puede ser que no lo identifique, si es un periodista, si trabaja acá en la Cámara y en cualquier caso, de qué?
Si alguien sabe, que me diga, se lo voy a agradecer.

viernes, 30 de abril de 2010

Los copistas


Esos personajes en dos mesitas rectangulares que están ahí en el medio:
me llaman la atención aunque se camuflan, se visten igual que el resto que está ahí abajo, diputados y secretarios.
De tan en el medio
casi que están escondidos;
pasan desapercibidos pero hacen y hacen su quehacer.
¿A quién saludan cuando entran al "recinto"?
¿Cómo es un buen día de trabajo para ellos?
Había escrito otra cosita
sobre ellos
y ese texto se perdió.
Ellos cultivan el arte de la fijación. Yo, claramente, no.

lunes, 19 de abril de 2010

Sobre el cruce, lo interdisciplinario, y la cultura @mendieta hace un post (y de paso cañazo nos recomienda!!! :))

"Hace rato ando pensando –o vengo leyendo y escuchando por ahí- que uno de los problemas de la época en que nos toca vivir es la falta de “cruce” entre distintas disciplinas que hacen a la cultura de un lugar, de una ciudad, de un país.
Así como la modernidad y su discurso dominante –el de la Ciencia, así, con mayúscula- fue obligando a una cada vez mayor “precisión” del objeto de estudio (ponele, el chabón tiene una beca de estudio porque es especialista en una parte de un tipo de célula que sólo existe en el hígado de los que tomamos vino malbec con hielo), creo que esa misma operación reduccionista cunde en los múltiples ámbitos generadores de creatividad, expresión y, perdón por lo pretencioso, cultura: el cine, la literatura, la plástica, la música, el teatro, la política (sí, incluyo la política, y qué?). ¿El periodismo?, también lo meto.
Cada uno en su quintita, en su pequeño círculo de iniciados, en la seguridad de lo conocido. Cada uno en su respectiva sensación de embole podría agregar, pero no quiero hacer un post polémico.
¿Cuánto hace que no vemos una corriente de pensamiento o estética que logra traspasar la frontera de un solo tipo de manifestación e integre diversas expresiones dentro de un todo más abarcador? ¿La hay y nadie me invitó nunca? Guachos, avisen.¿O directamente esto es otra de las cosas de las cuales voy a tener nostalgia sin haberla vivenciado nunca?
¿Se entiende lo que digo? Como para poner un ejemplo: ¿Recuerdan Boedo vs. Florida? ¿Homero Manzi en Forja?
¿Hay alguna explicación para el fenómeno además de la tan remanida caída de los “grandes relatos” de la modernidad?
Como sea: en esto toco muy de oído. Pero realmente me gustaría ver que en algún lado los pibes y las pibas se cruzan viendo un cuadro, leyendo un cuento, tocando algo, afiliando a alguien."
tarde pero gracias es re gracias @mendieta

martes, 6 de abril de 2010

Las "rimas involuntarias"

Legislatura
rima
con
Literatura

¿y?
no, nada, eso
que me di cuenta recién...

viernes, 2 de abril de 2010

"HUELGA DE HAMBRE EN LA CÁRCEL JUNTO A DOS MUÑECAS BRAVAS"


Por Iván Budassi (linkeo porque me gustó y el está con un wordpress en veremos)


22 de marzo, 23 hs.Estoy llegando a Buenos Aires. Celular. ¿Casal a esta hora? Ricardo Casal es el Ministro de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Al teléfono dice:- Iván, los internos de la Unidad 9 están en huelga de hambre. La verdad, temo un motín y que la medida se generalice en toda la provincia. Piden la presencia de legisladores provinciales y nacionales para hacerle algunos planteos. Necesito que vengas. - Dale, como digas.- Nos encontramos mañana a las 10 en el despacho de Balestrini (Vicegobernador y Presidente de la Cámara de Senadores). Hasta mañana.Ni chau le pude decir.Al rato, Luis, de la secretaría del bloque de mi cámara, me confirma la cita y ruega puntualidad.Esa noche, si no hubiera sido por el cansancio del viaje en auto y la jornada hiperprolongada (comenzada a las 6:30 llevando a los chicos al colegio en Bahía) me hubiera costado dormirme. El recuerdo de mis múltiples visitas a cárceles (Batán como estudiante, Caseros en BA, Villa Floresta en Bahía) era aterrador: la sola idea de pasar una noche adentro reafirmaba, la convicción de ser honesto y prudente. Ante el pedido, la primer reacción podría ser alegar que dejaste la leche en el fuego o algo similar para correr a esconderte debajo de la cama. Es sólo un segundo de pensarlo para saber que no se puede esquivar el bulto.A la otra mañana, beso en la mejilla a todos – en el peronismo y entre jugadores de fútbol, beso; dar la mano es “de paquetes o maricones”, como alguien me dijo alguna vez. Balestrini, impecable como su despacho, con traje marrón, zapatos claros y barba recortada.
Sí; sigue con un click sobre el texto.

jueves, 25 de marzo de 2010

sabe cómo es y sabe cómo contestar II-"Sr Cincuenta"

La semana pasada, primera sesión pulenta. Vi por primera vez cómo se aprobaba una ley. Vi debate y trabajo colectivo. Un diputado radical que se llama de apellido Jano (Jano es un nombre, también) le agradeció a Ivan en medio de la sesión por el trabajo que había hecho estudiando esa ley. Me gustó esa camarader
ía; pero al principio me pareció que no había escuchado bien. Pero sí, el "opositor" le agradeció a un "oficialista". Mirá vos qué bien.

Cuestión que tenía que mandar gacetillas mientras escuchaba y me lleve la compu al palco para trabajar ahí. Me ubico a un costadito cuestión de no molestar a nadie; al lado mío hay una cámara, y al lado de la cámara un señor de unos cincuenta años, periodista, que toma notas sin parar. En ese aparece EL Flaco, deja unas hojas, y se va. El señor cincuenta me alcanza una. Le pregunto, dada mi experiencia previa:

-¿Tienen suficientes para ustedes?
No me contesta y sigue con la mano extendida, sin mirarme.
-Alcanzan, ¿no?- insisto.
Y en eso gira bruscamente y me dice:

-¿Sabés qué nena? Sé contar. Sí querés agarralo sino no.
:/ (puse una cara un poco así)

martes, 23 de marzo de 2010

sabe cómo es y sabe cómo contestar I-"Veinte"


En el palco de prensa me acomodo, con cautela, por primera vez. Digo con cuatela porque siento que la gente que viene de algún medio tiene prioridad en ocupar los mejores lugares. No hilemos fino porque no hace falta. La cuestión es que el primer día me quedé parada como al fondo, medio apretaducho todo, en puntas de pie y escuché bien, tomé notas, pensé cosas para preguntar.
En un momento vi que había un señor que repartía hojas en las que estaba el orden de lo que se iba a tratar en la sesión. El hombre trabaja en la legislatura, se llama El Flaco; ese mismo día yo me había ido a presentar. Le pedí si tenía una hoja para darme a mí.

Me dijo:
- NO. NO TENGO
-Ah...qué pena...¿y es mucho lío si me la mandan por mail?

Al rato vuelve y me dice:
-No te ofendas por lo que te voy a decir. Pero siempre hago VEINTE copias. VEINTE. Y son para los periodistas. Si sobran bueno, te doy a vos. Es así.
-Noooo, pero cómo me voy a ofender, preguntaba nomás. Si es complicado que...
-No es de mala onda que te lo digo, pero es así. Y si me sobran te doy la próxima. Igual bueh, dame tu mail. (sí, no me dejó terminar de hablar). Pero son VEINTE copias las que se hacen. Y sí, viste, a veces no alcanzan para todos. No te digo de mala onda, no te lo tomés a mal.

O sea que sí un poco de mala onda hay. Mi trabajo, digo, será tratar de que no me vea como una nueva molesta indeseable que anda queriendo saber. ¿Lo lograré? Pienso que es como cuando te llega alguien nuevo al barrio por ahí. Veré. Y no, no pregunté en porqué 20 copias y no 18 o 21 o 23. Se que piensan en el estereotipo del empleado público, pero yo, con El Flaco, por lo menos, me voy a privar.


miércoles, 10 de marzo de 2010

Antes de la primera sesión ¿Conozco a un fan de la literatura que a la vez es ex senador? Am! Naaaa

Cuando venís del pueblo (algunos amigos se enojan porque a Bahía le diga pueblo porque no lo es, tienen razón, soy poco precisa definiendo así: en realidad Bahía es una ciudad cada vez más grande, pero pueblo me da cariño) a Buenos Aires te creés que acá hay tanta, pero tanta, pero tanta gente, que no vas a poderte hacer amigos porque cualquier tipo de cercanía está signada para siempre con la marca del desconocimiento de la multtitud.
Cuando vas a La Plata, pensás que vas a perderte. Y te perdés.
Cuando vas a la legislatura, cuando siempre fuiste medio rata de biblioteca, que te gusta estudiar y leer, pensás con quién, entre trabajo y trabajo, vas a poder hablar de libros acá. No es que esté mal no hablar de libros, más cuando acá pasan tantas cosas. (igual llevo libros a la oficina, y los dejo por si alguien quiere leer en el bondi; no soy de las que no les gusta prestar)
Siempre hay sorpresa en el prejuicio.
Ayer pasó por el despacho un ex senador, Jota.

-Sí, sí, te conozco, pero de haberte leído. Ah, ¿y no salió un texto tuyo con foto en Ñ, hará unas semanas?
Yo tenía la edición de Un grito de corazón que no compré acá sino en la librería de mi barrio y bueno, se la di, ganada por la sorpresa y en la intención diaria de ¡incentivemos a cada nuevo lector!
Me dice me encanta leer. Pero después no es que menciona a Saramago, a García Marquez. Cuando agarra la antología de Ríos y Blatt, el ex senador comenta -acá lo sorprendente para mí:

-Ah, conozco a muchos de los autores. De Juan Terranova leí un par de libros, los últimos fueron los de la colección esa de policial, ¿como se llama?
-Mmm...la de Negro Absoluto.
-Sí, la novela de los nazis leí. Y la última, me gustó mucho como trata el tema de internet, Los amigos rusos. No, ¿sovieticos eran, no?
-...
-A Oyola también lo tengo leído, me gusta. Ah...mirá Incardona, también está. De este escritor leí Villa...? Soy malo para los títulos.
La charla siguió en plan comentar esos libros...y otros...
Y...sí...los había leído nomás.
mmm.
zas.

lunes, 8 de marzo de 2010

"todos los días son el día de"

vía candelaria schamun, genial creadora de viaje como el orto. Ilustración de la artista peruana Shila Alvarado.

viernes, 5 de marzo de 2010

Encuentro al Señor Cara de Papa después del discurso del gobernador



éste no es el señor Cara de Papa

Cuando terminó bajé a ver que pasaba. Descubrí un hall ampuloso pero después me di cuenta de que es el mismo de cuando a veces entrás. Ahora había pantallas desde las que se podía ver “el recinto” –es una palabra fea, suena a nosocomio, no dice mucho y eso no es justo, creo- y se podía escuchar lo que pasaba allá.

Las palabras hacen cosas.

Un montón de periodistas había escuchado el discurso de Daniel Scioli desde ahí; había sillas que se veían cómodas.


así se veía "el recinto" desde el palco de prensa, pero más de cerca,las fotos achican

Tenía algo de solemnidad de acto escolar, todos los pasos hasta que hablara el gobernador, anunciados por un locutor. Hasta que se cantó el himno y el himno interviene la rigidez con cierta emoción; eso hace la música pero más el himno.

En el hall ahora los periodistas buscan legisladores para preguntarles qué les pareció el discurso de Scioli. A Iván también le preguntaron pero como él se fue a trabajar a la oficina que le dieron en el subsuelo lo fueron a buscar directamente ahí.

Pero mi hallazgo fue otro diputado. El Señor Cara de Papa. Es igual. Tiene bigotón y una expresión bondadosa que te inspira confianza. Me acerqué para escuchar qué decía. Señor Cara de Papa, con esa cara de paz, pachorra e intenciones serias, estaba enojado, furiosísimo con rayos que le salían de los ojos o nubes negras sobre la cabeza como el Pato Lucas de mucha indignación.

Decía, en síntesis, TODO MAL.

(Me hizo acordar al ¡Hasta Cuando! pero raro, no era periodista ni tachero y está ahí para trabajar, construir, etc, no sé)

Cuando hice el circuito tren a retiro-colectivo a La Plata-y caminar a la legislatura, un taxista me explicó cómo llegar. Un tipo de unos sesenta años que también me decía que todo mal. Toda la vida hizo turno día, la noche no le va.

Cierta correlación puede haber.

En La Plata siempre te perdés.

Iván fue directo desde Bahía a la oficina que le dicen despacho. Está en un subsuelo, me hace acordar a las galerías comerciales de allá, un poco esa cosa laberinto, otro esos carteles en marrón y negro y el piso de granito gastado sin brillo. Pero de eso voy a hablar en otro post. De cómo fue el estar ahí con el discurso y en ese palco, también. Y de lo que no se ve en "el recinto" ni en esas imágenes que yo tenía, no sé, de leer en el diario o ver en la televisión, de todas esas cosas que se trabajan acá y que casi nadie ve, además. Yo estaba en la oficina con los chicos del equipo trabajando, Ramiro que leía una ley, un word de la pantalla de la compu, Mayda que hablaba por teléfono y yo que respondía un mail laboral y casi llego tarde a la ceremoniosa apertura. Iván me llamó para decirme esto empieza ya, y de ahí también tuve una mini peripecia para lograr entrar.

este es mi cuadernito y mi tarjeta para poder estar ahí con los periodistas, perdón que la foto me quedó al revés.

acá hay otra chica trabajando que también sacaba fotos con camarita así nomás;

al fondo chiquito está Iván

Desde el palco de prensa también se notaba que el traje estaba arrugadísimo; es normal después de tanto viaje y no es importante, ¿no? Para mí no.

miércoles, 3 de marzo de 2010

ajá

click en la imagen y se agranda
cierto antecedente de sapo explorador en campo extranjero,
había.

jueves, 11 de febrero de 2010

Crónica de "la jura" (10 de diciembre 2009-Segunda parte)

Primero pasamos por una puerta giratoria que gira demasiado rápido, después por un detector de metales, después por un mostrador y mostramos tarjetita de invitación: dicen hay que subir. Y subimos. Por unas escaleras de marmol de esas que dan miedo que si te caés te desnucás y te morís. Peor que la sandía con vino, que es una muerte más relajada, imagino yo. Al costado del descanso, unas vallas petisas dan a las puertas cerradas que dan a los palcos.
Del otro lado, un hombre enorme de pestañas larquísimas de ceremonial podría ser patovica de boliche pero tiene cara de bueno y acompaña pancho a dos policías vestidos de policías. De este lado, adivinaron, caos otra vez. Gente con sus tarjetitas de invitación en la mano y el Sr Ceremonial que dice que están todos los palcos ocupados, que no hay más lugar. Está claro que vengo a verlo a Iván y que son decenas los diputados nuevos que han traído a su público. El de Iván es escaso, toda la familia quedó en Bahía. Soy la excepción. La tanada argentina se manifiesta acá en una horda concreta de abuelos, abuelas, tíos, tías, padres, nietos, hijos que reclaman pasar. Sr Ceremonial contesta amable que está sobrepasado, la capacidad del lugar no daba para tantas invitaciones. Yo que estoy sola me siento como haciendo la buena acción del día: si hubiéramos venido todos los Budassi quedaría aún menos lugar. Da ternura ver a los familiares como si fueran a ver a un niño en su primer acto escolar, o a un adolescente al que le dan el título: señoras emperifolladas, señores de traje, nenes peinaditos como para cumpleaños.
Yo no entiendo bien qué siento además de ganas de entrar. Un poco de miedo, un poco de emoción, bastante de entusiasmo.
El grado de tolerancia baja cuando la sensación es la de que en cualquier momento empieza la ceremonia y
son pocos los que van pudiendo entrar. Una señora grita que vino desde Tierra del Fuego, se indigna, esto es un bochorno, qué barbaridad.
-¡¡¡Hace 15 horas que estoy viajando, vine especialmente para ver a mi hijo!!!
Todos nos quedamos quietos. Tensión de que acá se arma. La señora tiene rulos de ruleros bien puestos y levanta la voz progresivamente.
Insulta a Sr. Ceremonial que transpira y no contesta, apenas, nervioso, balbucea perdón y que no es su culpa pero se ve que siente culpa.
Señora Rulos no se calma; empeora. Grita y grita. Hasta que propone un juego de simulación que resulta bastante agresivo:
-Bueno, a ver, por qué no hacemos una vaquita entre todos, diez pesos cada uno, para darle al señor, ¿no? ¿No son todos corruptos en este lugar?
Me dio como un sufrimiento: señora, su hijo va a trabajar acá, parece que lo estuviera incluyendo. Claro que la señora no hizo un análisis del discurso previo, pero todos sentimos mucha incomodidad. A mí me asustó un poco sentir en vivo, encarnada incluso en familiar orgulloso, esa pelea simbólica que vamos a tener que dar porque no todo es así, aunque sí, no se bien todavía cómo es y sí claro que me lo imaginaba, ese prejuicio general del trabajo que ahora empezó a hacer Iván.

lunes, 8 de febrero de 2010

el relato fallido y la adaptación

Empecé a escribir sobre una foto que saqué en la primera reunión de equipo con el telefonito nuevo pero fracasé: no la puedo bajar. Traté de instalar el cd que viene en la caja pero me pide un sistema operativo más nuevo. Mi telefonito de siempre es torpe y básico, más limitado y no anticool (que lo es, pero a quién le importa) sino inservible por momentos: un nokia con numeros borrados, golpes y funciones antidiluvianas. Por lo general se me queda sin crédito y no puedo responder mensajes ni llamadas. Raro las cosas que nos dan seguridad. Las que conocemos, ¿no? Bueno, lo digo en este contexto.

Crónica de "la jura" (10 de diciembre 2009-primera parte)

Había policías grandotes con escudos como los que se ven en Avenida de Mayo cuando hay alguna manifestación y una valla pesadísima. Alrededor, la gente invitada para ver la jura de los diputados en la Cámara de La Plata empezaba a hacer fila. Pero la fila se transformó enseguida en un amontonamiento trabado por bastante tiempo bajo el sol del mediodía terrible -acá no es como en Bahía, el calor seco de allá que se soporta más. El lugar común de la humedad asesina es cierto.

Cuando la gente se junta, se separa enseguida o se sincroniza. Como en los recitales el ritmo del pogo, cada uno empezó a levantar su tarjeta de invitación y a quejarse del calor. El policía importante que tomaba las decisiones todavía no daba la orden de abrir. El sonido de fondo eran bombos, gente que apoyaba a Bruera se desparramaba alrededor; los árboles justo no daban sombra donde estábamos nosotros pero ellos se veían relajados bajo las ramas, bien.
A los diez minutos el amontonamiento se transformó en masacote furioso y móvil: la fuerza centrífuga de los empujones de los de atrás y la valla inmóvil termina invariablemente en aplastamiento rotundo.
Y yo, que venía bufando en silencio, no pude más que pedirle dramáticamente al policía que estaba tres centímetros de mi cara como en ese plano del hombre araña y la chica que cuelga, pero cero romántico, sin nada de glamour:
-¡Por favor, señor, por favor, que me están aplastando, me voy a desmayar, déjenos pasar!
Me di cuenta de que a los policías no se les dice "señor" sino algo más específico, "agente" u "oficial"; pensar ese dato en ese momento, era cuanto menos irrelevante.
Después sin querer me salió una voz ronca y furiosa, cuando giré hacia atrás para rogar:
-¡Che, dejen de empujar por favor!- pero parecía que no había ninguna voluntad, el masacote no tenía un líder que pudiera cambiar la dirección y cada uno por separado tampoco sentía que podía evitar nada.
Cuando el policía importante dio la orden, mi cuerpo siguió todo el recorrido de la valla, como un mosquito que queda pegado a una telaraña rígida. Todo el resto pasó a mis espaldas. Entré casi al final, con un zapato menos que recuperé enseguida, despeinada, muerta de calor y desorientada, todavía no sabía bien por dónde había que ir.

imagen negativa

Un amigo editor de un diario, periodista, que en su momento me estimuló para presentarme a una beca para un Taller de Crónica Cultural de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que dirige Gabriel García Marquez,
casi me da el pésame cuando le dije que iba a trabajar acá.