Mostrando entradas con la etiqueta crónicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crónicas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de mayo de 2011

"HAY EQUIPO" (***Regionalización***)

La previa
Tenía fecha, hora y lugar. Imaginé que personajes como los superhéroes de tiras como los Batman y Robin o La liga de la justicia que miraba de chica dirían: “Un lugar neutral”. Las coordenadas llevaban a una sala de reuniones despersonalizada de un hotel.
Tenía permiso para ir “de colada”, a escuchar y ver.
Llegué antes de la hora y ya había algunas de las personas involucradas. En la reunión, y en las charlas, se refieren a sí mismos como “El equipo”.  El líder del grupo los llama así también.
Al entrar en la sala de reunión nada sospechoso; ningún personaje, nada de referencias pop, a pesar del color naranja chillón de las carpetas que hablan  de Regionalización.


Hombres vestidos de traje o de camisa nomás, hablan distendidos, algunos habían viajado desde muy lejos. Mujeres vestidas también formales, como de oficina o tribunales.  Una mesita con café y jugo, un mozo sonriente con pinta de relajado servía de termos blancos gordos, de esos que parece le vendrían bien tener en casa a una familia numerosa, café y té.
 (El equipo es, digamos, relativamente numeroso, Roxana merecería un capítulo aparte; y aplausos, míos, por lo menos.)
 Nunca había ido a una reunión de trabajo así como ésta, aunque Iván estuvo en varias durante todo el verano y me contaba algunos pasos, o problemas que estaba estudiando para analizar con el grupo antes de ir.

Todos habían cumplido con la primer fase de la misión: el proyecto de ley de Regionalización ya había sido presentado
Este encuentro reunión era para hacer una “tormenta de ideas” o “brainstorming”, pensar los pasos a seguir, por lo que supuse que iba a ser una charla descontracturada, hasta la imaginé algo caótica.
Pero ni bien llegué, dos chicos estaban más allá de la mesita del café en pleno movimiento. De una caja de cartón que se veía bastante pesada, sacaban carpetas y las colocaban sobre cada lugar de la mesa de trabajo, una mesa bastante larga en forma de U frente a una pantalla, con un powerpoint que iban probando. Además, frente a cada silla vacía, el nombre de quién se iba a sentar ahí. 
El powerpoint mostraba preguntas bravas, ejercicios de proyección con plazos y todo; como por ejemplo:
¿COMO SE IMAGINAN LA PROVINCIA  
en largo, mediano y corto plazo?
Y a cada plazo le ponían un año determinado. Pero había que terminar imaginandose el año... ¡2020!
Después otra leyenda, también difícil:
"Dependencia jerárquica de las regiones. ¿Cuál es la conformación jurídica óptima para alcanzar el impacto esperado en el corto plazo?"

¡Arranca!

Todos se sientan. Una chica de las que organiza, muy amable, me hace sentar en una silla vacía porque uno no llegaba. En la mesa de trabajo. Un poco de vergüenza me daba, pero insistió tanto que me daba no sé qué. El resultado fue espantoso: el que llegó tarde y estaba verdaderamente ahí con una función, y no de infiltrado como yo, entró y se sentó pero un poco lejos, sin poder apoyar la carpeta en donde enseguida empezó a tomar nota, incómodo aunque disimulaba, porque no tenía dónde apoyar. Y a mí me dio incomodidad de estar ahí, pero también de pararme porque el señor, un caballero, decía con señas sobrias “acá estoy bien, no te preocupes” y seguía concentrado pero yo me tenía que levantar pero justo empieza a hablar Santiago Montoya, y a decir cosas importantes, no sólo que sonaban importantes; lo eran. Bueno, también antes de empezar hizo un chiste, porque parece que Iván “insistió bastante” –una manera fina de decirlo- en que se haga este brainstorming de reunión.
acá se ve la usurpadora de asientos
-Éste debería llamarse el encuentro Iván Budassi- había dicho antes de sentarse.
Y ya en la mesa, todo se puso serio.
“La presencia de cada uno es rentable para el equipo”
“Este equipo, en la república argentina, está reunido para producir un hecho positivo, seamos responsables”
“Ninguna ley sirve si no logramos cambiar las cosas”
“No trabajamos para hacer ningún diseño sino ayudando a Scioli para cambiar la provincia”

“Para esta reunión, una vez más, nos planteamos objetivos ambiciosos.
"Hay un proceso para que en el 2020, la provincia esta mejor. Con nuestro trabajo debemos articular lo político y lo técnico.”
Y, en esa introducción, me sorprendió que agradecía, específicamente, el aporte puntual de cada uno del equipo, y señalaba la importancia de cada rol.
Al final me pude ir de la mesa, y espiar desde un poco más atrás.

¡Elegí tu artículo favorito!
Se escucharon muchas palabras con dos consonantes juntas.
PALABRAS CON “SC”
DESCONCENTRACION
DESCENTRALIZACION
Un par de veces también dijeron “Scioli”.

Hablaban de escuelas, de cuánto se tarda en poder conseguir el dinero y hacer los trámites para, por ejemplo, arreglar un techo. Hablaban de cosas concretas, pero también tiraban frases como de títular o epígrafe de libro.

“Hay que desburocratizar el debate" dice uno. 
"Desarmar el leviatan del poder de la burocracia"
Ivan dice que hay que evitar que se demoren las respuestas que necesita la gente, evitando caer en el “embudo de La Plata”. 

“Si esto no sirve para acercar el poder a la gente no sirve para nada”
“Al estado lo invento la gente, pero estamos con una perdida de legitimidad.”
En esa última frase me quedé pensando, porque es un diagnóstico que se ve tanto.

El power point seguía tirando consignas, y Roxana dictaminaba a qué respuestas tenían que llegar, sí o sí, antes de terminar la reunión. Así estuvieron varias horas. Y yo sorprendida por tanta concentración, las discusiones, las intervenciones ordenadas de cada uno, los plazos que se ponían para resolver y que tuvieran tanto entusiasmo que ¡hasta tienen un artículo preferido de la ley como quien tiene un postre favorito, o un equipo favorito! 

sábado, 23 de octubre de 2010

gracias gracias gracias

Oh, la felicidad y el susto. Por suerte ahora estamos en la primer palabra. Pero el otro día no la pasamos tan bien; ¿o a alguien le gusta ir a un hospital? Bueno, a los médicos seguro, es su trabajo. A las enfermeras y enfermeros, seguro también.
Iván se sintió mal y lo tuvimos que internar.
Nos dijeron que tuvo –los nombres de las enfermedades siempre son feos- una “isquemia transitoria”. Algo que en criollo mucha gente le dice “mini acv”, que no está mal para entenderlo, porque son síntomas parecidos sólo que duran muy poco y no dejan secuelas. De acá para allá los neurólogos lo golpeaban con un martillito de goma a ver los  reflejos y los reflejos estaban, lo tocaban para ver si “sentía”, y por suerte sentía. Así varias veces, y un alivio que no te puedo explicar saber que estaba bien, que respondía bien, que en los estudios (incluída la resonancia magnética, ese tubo no apto para claustrofóbicos con sonido de siniestra fiesta rave) tampoco salía que hubiera quedado daño, ni manchita ni nada; hasta las carótidas estaban bien, decían los cardiólogos con sus mil aparatitos, que se ven tan sofisticados y con cables y monitores que pum que pam.
Con los casos de ACV verdaderos y famosos este año se publicaron un montón de cosas.  El presidente de la Fundación Cardiológica Argentina y ex presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, decía hace unos meses que tanto en su “variante isquémica como en la hemorrágica” es posible prevenir un ACV (accidente cerebrovascular)."Los ACV son isquémicos (como el de Cerati) en el 85% de los casos, y hemorrágicos -como el de Ballestrini y Carlos Calvo-, en el 15% restante", decía el doctor.
Iván, dijeron los médicos, no encajaba en ninguno de los factores de riesgo; cosas de las que hay que cuidarse, chequearse, controlarse: tabaquismo, colesterol, hipertensión y la diabetes; también recomiendan comer sin sal y evitar el sobrepeso y, claro, hacer ejercicio.
Iván juega al fútbol todas las semanas, es menor que 50 años –parece que la isquemia pasa más después de esa edad; y que sólo en un tercio de los que tienen Isquemia transitoria vuelven a tenerla por segunda vez- no fuma ni fumó nunca, y entonces zas, a falta de encajar en esos parámetros, los médicos hicieron la gran Sherlok Holmes o, para tirar una referencia más contemporánea, la gran Dr. House, de estudio tras estudio para ver entonces por qué. En esos momentos de pasarla mal, porque a quien le gusta, repito, estar en un hospital, hubo muchas personas que llamaron, que vinieron, que preguntaban todo el tiempo a él y a mí “qué necesitás”. La verdad fue un susto – yo que soy exagerada diría que fue una mini peli de terror- pero es una felicidad saber que está bien, ya yendo a bahía, y que tanta gente fue solidaria y cariñosa con nosotros mientras estuvimos en el hospital. También te das cuenta de lo importante que es el buen trato de los médicos cuando estás en esa situación, parece una obviedad pero se valora mucho. Cuando caimos en el hospital público Pirovano, lo atendieron inmediatamente y super bien, y lo mismo después en el Italiano de Buenos Aires. La verdad, no queda más que decir gracias, a ellos y todos los amigos y conocidos que se preocuparon, llamaron y ayudaron. Ahora Iván está yendo a Bahía y esta semana se va a quedar trabajando allá, la vida normal, comiendo, eso sí, por las dudas, con menos sal (o mejor con nada, que a nada le ponga ni un granito de sal). 

viernes, 2 de abril de 2010

"HUELGA DE HAMBRE EN LA CÁRCEL JUNTO A DOS MUÑECAS BRAVAS"


Por Iván Budassi (linkeo porque me gustó y el está con un wordpress en veremos)


22 de marzo, 23 hs.Estoy llegando a Buenos Aires. Celular. ¿Casal a esta hora? Ricardo Casal es el Ministro de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Al teléfono dice:- Iván, los internos de la Unidad 9 están en huelga de hambre. La verdad, temo un motín y que la medida se generalice en toda la provincia. Piden la presencia de legisladores provinciales y nacionales para hacerle algunos planteos. Necesito que vengas. - Dale, como digas.- Nos encontramos mañana a las 10 en el despacho de Balestrini (Vicegobernador y Presidente de la Cámara de Senadores). Hasta mañana.Ni chau le pude decir.Al rato, Luis, de la secretaría del bloque de mi cámara, me confirma la cita y ruega puntualidad.Esa noche, si no hubiera sido por el cansancio del viaje en auto y la jornada hiperprolongada (comenzada a las 6:30 llevando a los chicos al colegio en Bahía) me hubiera costado dormirme. El recuerdo de mis múltiples visitas a cárceles (Batán como estudiante, Caseros en BA, Villa Floresta en Bahía) era aterrador: la sola idea de pasar una noche adentro reafirmaba, la convicción de ser honesto y prudente. Ante el pedido, la primer reacción podría ser alegar que dejaste la leche en el fuego o algo similar para correr a esconderte debajo de la cama. Es sólo un segundo de pensarlo para saber que no se puede esquivar el bulto.A la otra mañana, beso en la mejilla a todos – en el peronismo y entre jugadores de fútbol, beso; dar la mano es “de paquetes o maricones”, como alguien me dijo alguna vez. Balestrini, impecable como su despacho, con traje marrón, zapatos claros y barba recortada.
Sí; sigue con un click sobre el texto.

jueves, 11 de febrero de 2010

Crónica de "la jura" (10 de diciembre 2009-Segunda parte)

Primero pasamos por una puerta giratoria que gira demasiado rápido, después por un detector de metales, después por un mostrador y mostramos tarjetita de invitación: dicen hay que subir. Y subimos. Por unas escaleras de marmol de esas que dan miedo que si te caés te desnucás y te morís. Peor que la sandía con vino, que es una muerte más relajada, imagino yo. Al costado del descanso, unas vallas petisas dan a las puertas cerradas que dan a los palcos.
Del otro lado, un hombre enorme de pestañas larquísimas de ceremonial podría ser patovica de boliche pero tiene cara de bueno y acompaña pancho a dos policías vestidos de policías. De este lado, adivinaron, caos otra vez. Gente con sus tarjetitas de invitación en la mano y el Sr Ceremonial que dice que están todos los palcos ocupados, que no hay más lugar. Está claro que vengo a verlo a Iván y que son decenas los diputados nuevos que han traído a su público. El de Iván es escaso, toda la familia quedó en Bahía. Soy la excepción. La tanada argentina se manifiesta acá en una horda concreta de abuelos, abuelas, tíos, tías, padres, nietos, hijos que reclaman pasar. Sr Ceremonial contesta amable que está sobrepasado, la capacidad del lugar no daba para tantas invitaciones. Yo que estoy sola me siento como haciendo la buena acción del día: si hubiéramos venido todos los Budassi quedaría aún menos lugar. Da ternura ver a los familiares como si fueran a ver a un niño en su primer acto escolar, o a un adolescente al que le dan el título: señoras emperifolladas, señores de traje, nenes peinaditos como para cumpleaños.
Yo no entiendo bien qué siento además de ganas de entrar. Un poco de miedo, un poco de emoción, bastante de entusiasmo.
El grado de tolerancia baja cuando la sensación es la de que en cualquier momento empieza la ceremonia y
son pocos los que van pudiendo entrar. Una señora grita que vino desde Tierra del Fuego, se indigna, esto es un bochorno, qué barbaridad.
-¡¡¡Hace 15 horas que estoy viajando, vine especialmente para ver a mi hijo!!!
Todos nos quedamos quietos. Tensión de que acá se arma. La señora tiene rulos de ruleros bien puestos y levanta la voz progresivamente.
Insulta a Sr. Ceremonial que transpira y no contesta, apenas, nervioso, balbucea perdón y que no es su culpa pero se ve que siente culpa.
Señora Rulos no se calma; empeora. Grita y grita. Hasta que propone un juego de simulación que resulta bastante agresivo:
-Bueno, a ver, por qué no hacemos una vaquita entre todos, diez pesos cada uno, para darle al señor, ¿no? ¿No son todos corruptos en este lugar?
Me dio como un sufrimiento: señora, su hijo va a trabajar acá, parece que lo estuviera incluyendo. Claro que la señora no hizo un análisis del discurso previo, pero todos sentimos mucha incomodidad. A mí me asustó un poco sentir en vivo, encarnada incluso en familiar orgulloso, esa pelea simbólica que vamos a tener que dar porque no todo es así, aunque sí, no se bien todavía cómo es y sí claro que me lo imaginaba, ese prejuicio general del trabajo que ahora empezó a hacer Iván.

lunes, 8 de febrero de 2010

Crónica de "la jura" (10 de diciembre 2009-primera parte)

Había policías grandotes con escudos como los que se ven en Avenida de Mayo cuando hay alguna manifestación y una valla pesadísima. Alrededor, la gente invitada para ver la jura de los diputados en la Cámara de La Plata empezaba a hacer fila. Pero la fila se transformó enseguida en un amontonamiento trabado por bastante tiempo bajo el sol del mediodía terrible -acá no es como en Bahía, el calor seco de allá que se soporta más. El lugar común de la humedad asesina es cierto.

Cuando la gente se junta, se separa enseguida o se sincroniza. Como en los recitales el ritmo del pogo, cada uno empezó a levantar su tarjeta de invitación y a quejarse del calor. El policía importante que tomaba las decisiones todavía no daba la orden de abrir. El sonido de fondo eran bombos, gente que apoyaba a Bruera se desparramaba alrededor; los árboles justo no daban sombra donde estábamos nosotros pero ellos se veían relajados bajo las ramas, bien.
A los diez minutos el amontonamiento se transformó en masacote furioso y móvil: la fuerza centrífuga de los empujones de los de atrás y la valla inmóvil termina invariablemente en aplastamiento rotundo.
Y yo, que venía bufando en silencio, no pude más que pedirle dramáticamente al policía que estaba tres centímetros de mi cara como en ese plano del hombre araña y la chica que cuelga, pero cero romántico, sin nada de glamour:
-¡Por favor, señor, por favor, que me están aplastando, me voy a desmayar, déjenos pasar!
Me di cuenta de que a los policías no se les dice "señor" sino algo más específico, "agente" u "oficial"; pensar ese dato en ese momento, era cuanto menos irrelevante.
Después sin querer me salió una voz ronca y furiosa, cuando giré hacia atrás para rogar:
-¡Che, dejen de empujar por favor!- pero parecía que no había ninguna voluntad, el masacote no tenía un líder que pudiera cambiar la dirección y cada uno por separado tampoco sentía que podía evitar nada.
Cuando el policía importante dio la orden, mi cuerpo siguió todo el recorrido de la valla, como un mosquito que queda pegado a una telaraña rígida. Todo el resto pasó a mis espaldas. Entré casi al final, con un zapato menos que recuperé enseguida, despeinada, muerta de calor y desorientada, todavía no sabía bien por dónde había que ir.