sábado, 23 de octubre de 2010

gracias gracias gracias

Oh, la felicidad y el susto. Por suerte ahora estamos en la primer palabra. Pero el otro día no la pasamos tan bien; ¿o a alguien le gusta ir a un hospital? Bueno, a los médicos seguro, es su trabajo. A las enfermeras y enfermeros, seguro también.
Iván se sintió mal y lo tuvimos que internar.
Nos dijeron que tuvo –los nombres de las enfermedades siempre son feos- una “isquemia transitoria”. Algo que en criollo mucha gente le dice “mini acv”, que no está mal para entenderlo, porque son síntomas parecidos sólo que duran muy poco y no dejan secuelas. De acá para allá los neurólogos lo golpeaban con un martillito de goma a ver los  reflejos y los reflejos estaban, lo tocaban para ver si “sentía”, y por suerte sentía. Así varias veces, y un alivio que no te puedo explicar saber que estaba bien, que respondía bien, que en los estudios (incluída la resonancia magnética, ese tubo no apto para claustrofóbicos con sonido de siniestra fiesta rave) tampoco salía que hubiera quedado daño, ni manchita ni nada; hasta las carótidas estaban bien, decían los cardiólogos con sus mil aparatitos, que se ven tan sofisticados y con cables y monitores que pum que pam.
Con los casos de ACV verdaderos y famosos este año se publicaron un montón de cosas.  El presidente de la Fundación Cardiológica Argentina y ex presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, decía hace unos meses que tanto en su “variante isquémica como en la hemorrágica” es posible prevenir un ACV (accidente cerebrovascular)."Los ACV son isquémicos (como el de Cerati) en el 85% de los casos, y hemorrágicos -como el de Ballestrini y Carlos Calvo-, en el 15% restante", decía el doctor.
Iván, dijeron los médicos, no encajaba en ninguno de los factores de riesgo; cosas de las que hay que cuidarse, chequearse, controlarse: tabaquismo, colesterol, hipertensión y la diabetes; también recomiendan comer sin sal y evitar el sobrepeso y, claro, hacer ejercicio.
Iván juega al fútbol todas las semanas, es menor que 50 años –parece que la isquemia pasa más después de esa edad; y que sólo en un tercio de los que tienen Isquemia transitoria vuelven a tenerla por segunda vez- no fuma ni fumó nunca, y entonces zas, a falta de encajar en esos parámetros, los médicos hicieron la gran Sherlok Holmes o, para tirar una referencia más contemporánea, la gran Dr. House, de estudio tras estudio para ver entonces por qué. En esos momentos de pasarla mal, porque a quien le gusta, repito, estar en un hospital, hubo muchas personas que llamaron, que vinieron, que preguntaban todo el tiempo a él y a mí “qué necesitás”. La verdad fue un susto – yo que soy exagerada diría que fue una mini peli de terror- pero es una felicidad saber que está bien, ya yendo a bahía, y que tanta gente fue solidaria y cariñosa con nosotros mientras estuvimos en el hospital. También te das cuenta de lo importante que es el buen trato de los médicos cuando estás en esa situación, parece una obviedad pero se valora mucho. Cuando caimos en el hospital público Pirovano, lo atendieron inmediatamente y super bien, y lo mismo después en el Italiano de Buenos Aires. La verdad, no queda más que decir gracias, a ellos y todos los amigos y conocidos que se preocuparon, llamaron y ayudaron. Ahora Iván está yendo a Bahía y esta semana se va a quedar trabajando allá, la vida normal, comiendo, eso sí, por las dudas, con menos sal (o mejor con nada, que a nada le ponga ni un granito de sal). 

2 comentarios:

Axel Zeballos dijo...

pobre Ivan!! que se mejore!!!! y no coma sal...

Anónimo dijo...

Que buen blog. Que bien alguien que hace prensa y sabe escribir tan bien.
Esta experiencia fue límite parece, está bien contada. Que todo siga bien, soña, te sigo en tu otro blog en gral y una buena sorpresa descubrir este.
Saludos
Nacho